domingo, 2 de enero de 2011

Aporías por la presentación del libro: Filosofía y Argumentación en la Escuela Primaria.

Pablo Flores del Rosario –ISCEEM Chalco-



Se me ha asignado la tarea de presentar el libro, Filosofía y Argumentación en la Escuela Primaria. En principio supuse que ello no presentaba mayor dificultad. Cuestión de diseccionar el libro y presentar este resultado. Además de que conocía de cerca la producción del texto.
Conforme imaginaba la mejor forma de disección y luego de presentación, fui recordando varias aporías, que impedían hacer la indicada disección. Por un momento pensé que la imposibilidad estaba determinada por el ruido en la cafetería.
Más tarde, en mi biblioteca, recordé algo sucedido hacía mucho tiempo. Hace muchos años me hallaba en medio de una agobiante soledad, para consolarla elegí pasar varios días en la soledad de una cabaña, en medio de un bosque solitario. Fue ahí cuando se me hizo claro que para leer un libro, había buscado obsesivamente leer antes una introducción a él. Me pregunte cuántas veces había leído la ‘introducción’ a algún libro y como ella me había guiado en su comprensión. Entonces entendí que lo leído hasta ese momento no necesariamente era lo que el autor había escrito, sino aquello que el responsable de presentar el libro nos había inducido a pensar que se había escrito. Desde entonces tomo como regla leer las ‘fuentes directas’. Esto desencadeno la serie de argumentos que acompañan la presentación del libro que hoy presento.
La presentación de un libro provoca una serie de reflexiones que de modo irremediable nos llevan a un callejón sin salida.
Quien presenta un libro se siente cuestionado en algo que desde sí ya aparece como (re)presentado. Porque un libro, en aquello que despliega en su categoría de texto, constituye en sí mismo su presentación. Así que quien se hace responsable por la presentación de un libro está de más en ella. A menos que creamos la tesis de la traducción. En este caso, quien presenta un libro, juega al mismo tiempo el papel de traductor. Pero el libro ni es de una lengua ajena, ni se inscribe en un paradigma  que no sea el educativo. El libro forma parte de aquellos a quienes se dirige la presentación. No hace falta traductor.
Entonces, ¿cuál es el papel de quien es citado como el que hará la presentación de un libro? Quizá su papel consista en presentar un libro. Pero presentar no es resumir, sumarizar, desglosar, etc., el contenido del libro. Este juego presenta una lectura que puede prejuzgar las lecturas que otros harán.
¿Qué es entonces, presentar un libro? Quizá consista tan sólo en clarificar las condiciones de producción del texto. Con lo que se requiere de un texto, para la presentación de otro texto. Sin embargo, con ello, con la producción del nuevo texto, se lleva a prejuzgar tales condiciones de producción textual, como determinantes para generar los sentidos y significados del libro presentado.
Pero, entonces ¿quién presenta un libro, sólo termina por presentar su propio texto, ocultando lo que quería presentar? Presentar un libro, he aquí el problema. Más sencillamente, puede ser, que presentar un libro consista en un simple gesto: alzar el libro ante ustedes. ¿Cuál es el problema?
La noche avanza su propio sueño, el libro yace en mi mesa de trabajo, negándose a ser presentado. Mis otros libros me interrogan. Ellos han sido presentados de modo que se han creados prejuicios en su lectura posterior. ¿Y qué si todo es interpretación?, ¿Y qué si la textualidad sólo puede explicarse desde la misma textualidad? Pero lo único que quiero es evitar el prejuicio, para que quienes lo lean, lo hagan asumiendo la riqueza que la autora ha desplegado en él, y no lo que yo creo que ella ha hecho.
Al fondo de mi ventana aparece la luna. Al observarla veo que bordeando sus límites se destaca del resto del cielo. Bordeando sus límites ella se presenta. Minutos después, la luna ha desaparecido en medio de las nubes cargadas de esperanzas de lluvia. Sin bordes no hay límites, sin ellos no hay nada que pueda estar presente. No habiendo nada presente no hay nada que presentar.
El libro insiste en su presencia, como diciendo con ello sus ganas de ser presentado, pese a yacer inerte en mi mesa. Si hay algo que está presente, entonces tiene bordes que lo limitan, en ellos destaca y se hace presente, requiere presentación.
Presentar un libro, entonces consiste en destacar los bordes que lo limitan.
La luna vuelve a aparecer y ahora recorta la inmensidad del cielo. Lo que se presenta es el cielo, no la luna. Ella es el pretexto para la presencia del cielo. La luna se nos aparece en su inmensa belleza, porque ella recorta al cielo y se recorta a sí misma. Hay bordes que limitan hacia dentro y hacia fuera.
En consecuencia, presentar un libro lleva a destacar los bordes que lo limitan hacia dentro y hacia fuera. Destacar los bordes no implica reconstruir las condiciones de producción del texto. Tal vez sólo sea crear una atmósfera, llena de magia, que haga que el libro quiera ser leído.
Pues bien, destaquemos los bordes que limitan el exterior del libro. El libro es producto de una investigación, que la autora realizo durante un año, trabajando con niños de 6º. Grado de Educación Primaria. Y sin embargo este producto forma parte de todo un proyecto de vida. El libro, en este sentido, incorpora, de la autora, sus sueños y esperanzas, expectativas y resultados, desvelos y alegrías. Elaborado en el nombre del padre y de la madre,  y de las hijas. En alguna medida también los sueños y esperanzas de todos aquí se incorporan, aún bajo la forma de ausencia. Este es sólo un borde exterior.
Otro borde se destaca. Este es un libro, donde la autora,  con la más firme intención quiere tomar distancia de otros dedicados a la temática de la niñez. En el libro, la autora afirma que la niñez no puede ser vista desde algún esquema conceptual, actualmente dominante: ni desde el psicoanálisis, ni desde la pedagogía operatoria y menos desde el conductismo. La autora afirma que es mentira el dictum de que infancia es destino. Ella misma niega otras tantas mentiras sobre la niñez. En el libro, la autora, se aventura por los caminos de la incertidumbre en el conocimiento de la niñez.
Un borde más. En el libro, la autora afirma la necesidad de una Filosofía desde la infancia. No una Filosofía que requiere de las técnicas más sofisticadas, espacio necesario de los expertos. Sí una Filosofía que regresa a su origen: Filosofía es hallarnos en medio del preguntar. Preguntar como necesidad del pensar. Porque ella asume la perspectiva de que quien quiera seguir pensando tiene que seguirse preguntando. Una Filosofía desde la infancia es aquella, dirá la autora, que recupera la capacidad de preguntarse y maravillarse de los niños. La autora, en el libro, hace el mayor esfuerzo para recuperar tal capacidad. Es este uno de los méritos del libro. Como aquello niños que se interrogan: ¿porqué tenemos que hacer preguntas? E inmediatamente se responden: porque nos ayudan a entender mejor un problema.
Entonces el borde que bordea al libro, consiste en que es un libro de filosofía desde la infancia. Con ello, la autora, no reduce la discusión de Filosofía para Niños, a una simple metodología, a un programa de educación, reducido a la comunidad de investigación. Se aventura con la idea de que Filosofía para Niños es una subdisciplina de la Filosofía con su propia historia y tradiciones, es justo esto lo que le permite articular su proyecto de vida.
Pasemos a los bordes internos. Ellos irán trazando límites, que permitirán que el mismo libro vaya haciendo su propia presencia.
Un borde interno se llama argumentación. La necesidad de esta temática ha venido haciéndose presente desde que surgieron las llamadas éticas de la disputa. Esa necesidad, sin embargo, era un espacio dedicado a los adultos. Entre adultos se argumenta sobre el mejor sistema político, o sobre las mejores reglas procedimentales de la moral. El reto que la autora tuvo en sus manos fue demostrar que los niños también argumentaban. Y lo logro, no sin antes hacer disecciones necesarias, y asumir compromisos ontológicos sobre la niñez.
Otro borde interno se llama epistemología de la infancia. Se suponía que los niños vivían en el error, sólo hasta adquirir ciertas capacidades podían ubicarse en la llamada epistemología, porque ella es la que da la certeza del conocimiento. La autora se empeña en demostrar que hay una epistemología de la infancia. Ella a veces se reviste de metáfora. Como la del niño que dijo que se le abrió la mente. Metáfora que apela a un ver de modo más amplio el mundo que en el que el niño vive.
Pero también se habla de Hermenéutica de la Niñez. Algo que en principio empezamos a trabajar David Kennedy y yo, hasta que aquél, en una reunión en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, renunció por lo que él llamó Filosofía para Niños. La autora incursiona también en este campo, e inscribe sus logros en este libro. Aparecen las categorías de lo otro y del otro. De la infancia que no es sometida bajo la lógica de la minoría de edad. Se asume que la infancia es otro modo de vida, y por lo tanto otro modo de hacer cultura.
Hay, desde luego, otros bordes más, creo sin embargo, que con los que he expuesto, el libro ya adquiere cierta presencia entre nosotros. Y como sucede cuando queremos que nos presenten a alguien que nos ha llamado la atención, luego uno tiene que hacerle más preguntas para lograr saber quién es la persona que nos interpela. Sólo en ese momento se logra la verdadera presentación de una persona. El mismo camino ocurre con la presentación de un libro.
El modo en que la autora arma cada uno de estos bordes sigue siendo un misterio. Este se revela cuando uno abre el libro y empieza a leerlo. Y al hacerlo descubre que también uno puede marcarle otros bordes. Y entonces puede hacer su propia presentación de un libro que nos ha sido presentado.
Bueno, al menos no me quede con el gesto: este es el libro que hoy voy a presentarles. Pero tampoco les dije el contenido del libro. Pero sí sugerí pistas que permitieron darle cierta presencia al libro. Si lograr destacar la presencia es hacer una presentación, entonces he cumplido mi tarea: hacer la presentación del libro.
Tal vez hubiera sido suficiente el gesto, pero entonces no hubiera disfrutado de la noche escribiendo mi propio texto, sobre otro texto que vi nacer y cuyo nacimiento provocó en la autora un hacerse mejor persona. Esto tiene implicaciones morales, y éticas, como el conocerse cada vez mejor en lo que se es.
La noche ha avanzado hasta alcanzar el siguiente día. El libro ahora luce como si tuviera vida propia. Parece sonreír. Sabe que en un par de horas será presentado ante un auditorio que oirá por primera vez de su existencia. Se sabe resultado de los sueños de su autora. Se sabe parte de su proyecto de vida. Sabe que vendrá el siguiente libro, pero felizmente se sabe el primero en su vida. El libro parece estar feliz, y con ese aspecto, deja escapar la misma nostalgia que la autora inscribe en su título: Filosofía y Argumentación en la Escuela Primaria.
Cuijingo, Estado de México, junio de 2002.

1 comentario:

  1. Hola buenas tardes, Dr. Pablo, soy alumno de la UPN, y estoy estudiando la Maestría, y en mi trabajo de tesis me ha interesado trabajar FPN, pero me es un poco complicado encontrar información acerca de lo que es y como se trabaja FNP, y quisiera saber mas sobre el tema.

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