Pablo Flores del Rosario
Desconozco la hora[1]. No por no tener un reloj en la mano. No. No es esa la razón. Es más bien que de pronto un silencio total me ha invadido. Un silencio donde los únicos ruidos son los del entorno, son no humanos[2].
Sentado en mi sillón, -que por largas noches, y días, ha soportado mis tensiones- de pronto irrumpe el demonio interno[3]. Si, ese pedazo de conciencia que nos lanza a la peor de las horas de lucidez, que casi nadie puede soportar. Quizá por esta razón a esta hora el mundo, esta parte, duerme. Pero hay una especie que escapa incluso al control del sueño: el animal nocturno. Este animal, que también es hombre[4], piensa que las noches le pertenecen.
Algo ronda, y desea inscribirse directamente en mi cerebro, algo que, parafraseando a Neruda, me impulsa a "...escribir los versos más tristes esta noche"[5]. Pero esta noche no es de poesía. Sino de reflexiones que calan hondo. Que llegan incluso a desnudar el alma o al deseo inminente del suicidio. Lo bueno es que en medio de tanta lucidez el suicidio resulta absurdo. O es que, es la vida la que resulta absurda. Y de tan absurda que resulta, se nos paralizan las ganas de acción. Los suicidios se presentan cuando los mismos absurdos, se hacen asertos lógicos[6]. Aún estoy lejos de este nivel.
¿Cómo situar a este animal nocturno, en medio de ese otro animal que es el hombre? Reconozcamos de entrada que ambos son hombres, pero no son iguales. ¿Has visto un hombre?, ¿y, a un animal nocturno?[7] Conozco a los hombres, pero no al animal nocturno. Aunque siempre se me ha dicho que todos llevamos algo de animal en nosotros, hasta ahora no sabía que tan real era esto. Pero es real. Y también causa mucho daño. Te hace morir al doble del tiempo normal. Este animal nocturno te da insomnio y lucidez cuando la noche está avanzada, te lanza al inicio de tus batallas con el mundo, y a veces hasta contigo mismo. Y mientras tanto el hombre duerme, satisfecho de haber cumplido con sus tareas, mañana será otro día y otras tareas habrá que cumplir. El animal nocturno no tiene tareas, tiene batallas que sostener, utopías por construir, mundos posibles por armar o incluso tiene que hacer reflexiones que le den un poco de paz[8]. Sólo un poco, pedir mucha paz, es pedir su muerte.
El animal nocturno vive de noche. De día deambula entre los hombres. Pero teme ser localizado y excluido, pues pese a todo también es hombre. Teme la suerte de Van Gogh, quien fue localizado por los hombres-hombres y excluido-recluido en el manicomio. Tiene razón Foucault, cuando afirma que el primer principio de exclusión consiste en el principio de diferenciación[9]. Y entonces el hombre puede catalogar a los diferentes como raros o locos y excluirlos-recluirlos en la prisión o el manicomio[10]. También esa fue la suerte de Artaud, quien escribió:
"Sé que quisieron esclarecerme mediante el Vacío, y que me negué a que me esclarecieran.
Si se hizo de mí una hoguera fue para curarme de estar en el mundo.
Y el mundo me quitó todo.
Luché para tratar de existir, para aceptar las formas (todas las formas) cuya delirante ilusión de ser en el mundo recubre la realidad"
“les nouvelles révélations de l étre” (trad. Pablo Flores)
Otros tienen mejor suerte. En el peor de los casos terminan como bufones de los Medios Masivos de Comunicación. Pero todavía más grave, pueden terminar siendo idolatrados: Neruda y Picasso.
Pero mientras se alcanzan estos niveles, y se es ubicado y excluido-recluido, el animal nocturno sentirá el enorme peso de la soledad. Y mientras más esté rodeado de otros más soledad sentirá: pues él se sabe consciente de su diferencia, y los otros mientras más lo hagan sentir igual a ellos, más le harán sentir la diferencia. El se sabe solo. Está solo. Y disfruta la soledad. Sobre todo la soledad nocturna. Sólo siente el peso de la soledad, cuando durante el día tiene que integrarse entre los hombres, pese a saberse diferente. O cuando en la noche añora ser como los hombres: no ser diferente, no ser raro[11].
Pero hay otros modos de soledad que también pesan igual, y que no son sino modos de tensarse entre los hombres normales y el animal nocturno: ser diferente y aceptarse así. Aquí anudaré varias ideas dispersas, que en momentos de lucidez se disparan en todas las direcciones posibles.
El espacio social tiene catalogado lo permisible y lo no permisible. Nosotros como sujetos con capacidad racional nos movemos entre lo permisible y lo no permisible. Pero hay justo un momento, y sólo ese momento, en que nos quisimos imponer ante lo social desde lo no permisible, y no lo logramos, terminando por aceptar vivir sólo desde lo que nos es permitido. El conflicto se inicia aquí. Pues se origina una especie de vacío, causado por no haber cubierto la imagen espejeante: ser el cumplimiento del deseo de los otros.
Es posible que después podamos imponer lo no permisible[12], aunque no con el valor con que lo pudimos haber hecho la primera vez. Pero el daño ya está hecho. Si no pudimos solucionar el primer conflicto, el vacio que así se ocasiona estará permanentemente con nosotros. Y a cada rato flotará, provocándonos una enorme soledad. Este conflicto no tiene solución. La soledad aparecerá a cada rato, recordándonos lo que hubiéramos podido ser. Pero ya somos algo diferente. Los sueños se acabaron. Y la soledad sigue ahí, haciéndonos daño cada día.
Pero nos queda una última posibilidad: lanzarnos al abismo del animal nocturno. Después de todo el conflicto se originó en un alma que es diferente. Entonces aceptemos la diferencia y vivamos en ella.
Es tarde, el hombre-hombre está por despertar y con ello engullirse al animal nocturno. Para evitar esto él tiene que deambular entre los hombres.
Cuijimgo, Estado de México en la Madrugada de un martes de junio de 1986.
[2]De todos modos vivo al final del pueblo. La ventana de la biblioteca da al campo. Me asomo y sólo escucho los ruidos naturales del entorno. Pero hay una rara sensación de aislamiento y soledad. Esto me hace dejar de escribir mis cosas "serias", y entrar de lleno en este espacio más existencialista.
[4]¿pero que tanto puede alguien llamarse hombre, cuando no encaja en ninguno de los moldes, de los que entre sí se llaman hombres? Desde luego este no es como los demás hombres ¿es acaso el superhombre de Nietzsche? Vamos. No hagamos bromas en medio de esta solemnidad. Lo cierto es que este animal, aunque sí es hombre, vive des-moldeado, porque le gusta vivir las paradojas de la noche. Pero sólo de noche, de día, aunque con la cara afligida por el desvelo, es uno más entre los hombres. Pero no del todo.
[6]Es la cima de los absurdos. Yukio Mishima lo comprendió cuando vio que ni siquiera le tocó vivir su época. Y se hizo el Hara Kiri. Para su época -los 60s- estaba loco. Yo creo que terminó por aceptar que los absurdos de la vida se movían con su propia lógica. Yo todavía creo que los absurdos no tienen ninguna lógica.
[7]Todos podemos ver a los hombres. Pero nunca podremos ver al animal nocturno. Este se refugia en su caverna. Raramente sale de ella. Salvo cuando necesita respirar y sentir como los otros viven ese momento. No, no se burla, realmente preferiría estar como los demás. Pero le inspira saberse diferente.
[9]Este principio de diferenciación, habla de que los hombres deben ser iguales. Y los que no son iguales, por no respetar las normas básicas, son diferentes. Estos que son diferentes se les clasifica entre loco, raro, beat, rebelde, y ahora transgresor y terrorista. Todos los marginales a un sistema social, son en todo caso todo eso. El sistema mismo los produce, pero no los acepta, sino que los rechaza. Y si los acepta, lo hace porque le son útiles.
[11]En realidad aquí analizo dos tipos de soledades. Una de ellas es la mía. La otra es de un sujeto hipotético. Pero bien puede espejearse en ella gran parte de la humanidad. Pero no todos hacen de esto un problema. Sólo es un real problema, para quien transita entra lo normal y el animal nocturno.
[12]Sí pero ahora actuaremos con "cautela", con "inteligencia". Si ya hemos perdido el valor, sólo quedan esos otros recursos. De todos modos hay que recordar, que estamos en transición. Y que llegado el momento el valor volverá a ocupar un lugar central, y ahora si guiado por la cautela y la inteligencia.
sin duda la expresividad manifestada en tus escritos alguna vez debería acompañarte en la realidad
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